domingo, 17 de diciembre de 2017

día de doble arco iris

Hace tiempo sé que nada es casualidad, pero para fortuna de la dramaturgia aún me sorprendo. El martes algo me dijo que debía felicitarla vía linkedin por su nuevo trabajo. Hacía tres meses la había invitado a almorzar por su grado pues me agradó su profesionalismo y compromiso en el corto lapso durante el cual adelantamos un proyecto juntos. Inteligente y guapa, tenía claro que podríamos tener una amistad basada en la profesión. Siempre es grato conversar con una mujer guapa e inteligente (lo que las hace más guapas). Pero el punto de quiebre fue una frase que pronunció y no he olvidado.




El miércoles, día de doble arco iris, llegó un saludo de un número desconocido y sin avatar a mi whatsapp, pregunté de quien se trataba. Era ella, había cambiado de número. Noté que el día anterior había respondido a mi felicitación en linkedin sugiriendo que nos viéramos para hablar de un posible proyecto que ella podía echar a rodar. La invité a tomar un café cuando ella tuviese tiempo, propuso el día siguiente luego de las cuatro. El jueves me llamó a las diez de la mañana, supuse que cancelaría la cita de la tarde, pero en lugar de eso me invitó a una gala que se llevaría a cabo en la noche. Se tomó el tiempo necesario para dejar en claro que lo hacía porque su hermano no podía ir y no le parecía bien cancelarme. Demasiadas explicaciones no solicitadas, pensé. Acepté de inmediato y salí a comprar el ajuar para el asunto. Cuando pasé por ella en la noche no fue una sorpresa verla guapísima, me enseñó los zapatos de terciopelo verde viridiana que había comprado para la ocasión. Lo consideré un buen augurio.

La gala no fue lo que ella esperaba, se decepcionó rápidamente del asunto, le había dicho que podíamos cenar antes del evento, pero ella no lo consideró pues el convite incluía cena. Pero no fue así, a cambio bebimos tres copas de vino (aunque le había prometido a su madre que no lo haría, pues hacía menos de una semana se había pasado de copas por un despecho) y nos reímos todo el tiempo. Aburridos del asunto decidimos salir antes de terminar para alcanzar a cenar, pues a la media noche es difícil encontrar restaurantes abiertos. Al llegar encontramos todos cerrados, menos uno de carnes que dio al traste con mi intención vegetariana, y allí fuimos a dar.

Pasada la una de la mañana la llevé a su casa, pero no había llevado las llaves y no había quien le abriera, su madre también había salido esa noche y no la pudo llamar porque su teléfono se descargó. Intentó cargarlo en el taxi, pero llevaría demasiado tiempo. Le dije que podría cargarlo en mi apartamento y aquí vinimos a dar. Su celular tardó más de una hora conectado antes de dar señales de vida, entre tanto tuvimos una charla amena y despreocupada, excepto por el sonido que hacían nuestros respectivos estómagos al intentar digerir una comida pesada. A las cuatro de la mañana, y luego de haber llamado con insistencia a su madre sin que le contestara, le ofrecí que durmiera en mi cama, yo lo haría en la sala. Aceptó luego de una ligera reticencia inicial producto de una vergüenza injustificada pero comprensible. Los tacones de terciopelo verde viridiana reposaron junto a la cama mientras ella se ponía uno de mis sacos, uno amarillo intenso, para abrigarse.

El teléfono sonó a las 7.30, yo debía salir un par de horas para solucionar un asunto personal. Le preparé un café y llegamos a un tema que había presentido y tenía preparada la respuesta: no digas eso  - me dijo-  estoy en tu casa y llevo tu ropa puesta, nunca fuiste mi alumna  - le contesté- ella lo pensó un momento y cambiamos de tema. Le dije que podía quedarse el tiempo que quisiera, pues su madre aún no contestaba. Dos horas después regresé, ella no se había ido. Charlamos, charlamos, charlamos, salimos a desayunar, ella con el saco amarillo intenso y los tacones verde viridiana. Su despecho no era acuciado y se desvanecía. A las once su madre contestó, nos despedimos a la una.

Nos veremos la semana entrante, no la he dejado de pensar, ni olvido la frase premonitoria que pronunció en nuestra primera cita. Llevamos dos. Dejó su perfume en mi almohada.

martes, 7 de noviembre de 2017

caprichosa

La memoria es caprichosa, por eso me gusta hacer listados. Pero hace un tiempo he olvidado hacer listas de lo que quiero y debo hacer. Me pregunto: ¿por qué lo olvidé, si es tan importante? Sigo adelante como si nada, cada nuevo día comienza desde cero. La vorágine de la cotidianidad absorbe todo, energía, intención, impulso y memoria. Hasta que aparece un hasta aquí, no va más. Y evalúo lo hecho, pero intento no volver a mirar atrás para no ser estatua de sal, lo siento por Rut pero debo seguir adelante. Y las listas aparecen de nuevo, tranquilas, desde un infundado fundido a negro, poco a poco, borrosas. Y la imagen es la misma de siempre ¿para qué buscar algo que no está perdido? la memoria es caprichosa y ahora me pide hacer listados.

viernes, 27 de octubre de 2017

jorge el jardinero

Cuando lo conocí él ya era un anciano, llevaba siempre un chicote de pielroja flotando de la comisura de su boca y arrastraba por toda la ciudad un remolque con sus herramientas de trabajo. De eso hace más de veinte años. Ayer lo recordé por alguna razón indeterminada.

Aparte de su eterno aroma a rompepechos olía a sudor añejo, así que era fácil notar el trazo que iba dejando su presencia. Esa cualidad estaba acompañada en la banda de sonido con su eterna cantinela, como cajita de música, pues siempre estaba hablando, narrando anécdotas o cantando acompasado por el tronar de su máquina manual para cortar el pasto. La guerra de Corea y sus hijos eran temas obligados. Hablaba con el jardín como se le habla a un amigo, les daba piropos a las rosas y a cuanta planta que creciera en el que ahora es el vergel de mi hija.

Llamaba la atención ver su figura pequeña y escuálida halar de su remolque con la fuerza de un toro durante kilómetros por toda la ciudad. Elegante, con zapatones enormes que seguramente le regaló algún gigante, pantalones raídos sostenidos al cinto por una cabuya, siempre con un saco cruzado, brillante por el tiempo, y un sombrero que cubría su cabellera cana y espesa. El sudor era testigo del enorme esfuerzo que realizaba a diario. Vivía sólo en una habitación.

Le perdí la pista hace tiempo, ya no se le ve por el barrio timbrando en cada casa ofreciendo sus servicios de jardinero. Las últimas veces que lo vi estaba enfermo pero hacía como si no pasara nada. Me queda la imagen de un gran hombre solitario que comprendía la vida a profundidad y que aún no olvido.

miércoles, 18 de octubre de 2017

el club de herodes


Hasta mis 41 años fui miembro honorario del club de Herodes. Desde mi adolescencia decidí que no tendría hijos en un mundo de mierda como éste, no lo consideraba justo con ellos, y de alguna manera conmigo mismo. En mi opinión no disponía de los bártulos para criar, me llenaba de excusas diciendo a voz en pecho que era demasiado egoísta como para pensar en alguien más, en la miseria del mundo y su inseguridad, en fin...

Sin embargo, de vez en cuando me imaginaba como padre de una hija, cuando veía a padres en la calle pensaba cómo reaccionaría si yo estuviera en su lugar. Me sentía cómodo con esos pensamientos, incluso feliz. Pero eran momentos muy aislados que jamás confesé a nadie. Entre tanto seguía con la arrogancia no reproductiva a voz en cuello. Mis parejas lo aceptaban sin mayor problema, al fin y al cabo éramos jóvenes y teníamos el mundo por delante.

A mis 31 años, antes de irse por siempre, la primera mujer con quien conviví me dijo que ella sabía que yo tendría una hija. En el momento pensé que era un deseo reflejo. Ella iba con personas que leían cartas astrales y cosas por el estilo y eran muy acertadas... excepto cuando yo era el cliente.

Cuando ya casi llegaba a mis cuarenta soñé que tenía una hija, ella tendría unos doce años y era preciosa, no me habló, tan solo me miró con un amor inefable. Desperté radiante. No entraré en detalles, pero recuerdo el momento en que fue concebida.

Cuando su madre me dio la noticia estaba asustada por mi posible reacción. Era el 2 de septiembre de 2010, caminábamos a las siete de la mañana por la carrera séptima con calle cincuenta y tres, luego de que ella saliera de una cita médica. Ella no lo sabía pero yo estaba preparado por augurios, sueños y mensajes inexplicables. Sonreí y le dije que era bienvenida. Fui asertivo, nunca pensé en un varón.

Desde entonces regresé mi credencial al club de Herodes y noté que el talante de padre era natural en mi, me sentí cómodo. La vida cambió, por supuesto. Me asenté y por primera vez viví solo. Encontré valor para dejarme ser y ha valido el esfuerzo. Cuando voy por la calle con mi hija la gente nos mira, es obvio, somos marcianos y muy guapos. Incluso he vuelto a creer en la humanidad a pesar de que todo parezca en contra. El mundo vuelve a comenzar todos los días cuando ella me observa con amor inefable y acto seguido se lanza a abrazarme mientras me dice cuánto me quiere.

domingo, 1 de octubre de 2017

tomás se llamaba gustavo

Corría el año del gallo de 1993 cuando lo conocí. Era un tipo amable, jovial, adorador de soda stereo y con ansias de ser baterista. Por esos días las estrellas dictaban que yo pasara por un punto de giro lleno de algidez en mi vida, así que decidí dejar el grupo de rocanrol que un par de años después cosecharía algo de fama y también pasar de la carrera que había seguido por más de tres años en la universidad pública. Opté por mercadeo y publicidad en una institución privada y pretendí ser otra persona.

Nos hicimos amigos con Gustavo, le gustaba visitarme en casa de mi madre pues le rendía tributo al jugo de mango que ella preparaba, escuchábamos música y se dejaba llevar con largos monólogos acerca de su banda predilecta. Le presté un pequeño set de batería electrónica que tenía por entonces para que hiciera de las suyas. Nunca la volví a ver.

Luego del primer semestre en mercadeo y publicidad noté que la creatividad me gustaba, pero no tanto el mercadeo, las matemáticas financieras o la estadística. Así que decidí quitarme los vestidos y corbata que usaba y terminar la primera carrera que había elegido. Era una decisión práctica, con un diploma me podría mover con más facilidad en la vida profesional. Le pedí a Gustavo que fuera el protagonista de mi trabajo de grado, una película que escribí y dirigí. A él le gustó tanto la experiencia que decidió estudiar fotografía. Encontró un buen camino para sentirse pleno.

Más de diez años después, ya entrado el nuevo siglo, me enteré que Gustavo ahora se llamaba Tomás. Parece que la decisión la tomó pues quería ser el único, no soportaba llevar el homónimo de su padre, un actor de papeles secundarios en televisión. Sin embargo ellos se llevaban bien, cuestión de ego, imagino.

Antes del cambio de nombre, Gustavo hacía público su agradecimiento conmigo, pues según él, gracias a mi trabajo de grado había encontrado su vocación. La versión de Tomás era diferente, según él había sido un cliente quien lo había puesto en el camino. Las dos versiones son de risa. hace tiempo que no lo veo pero lo aprecio con sinceridad.

jueves, 21 de septiembre de 2017

es tiempo de alejarse

Los hábitos se van haciendo espacio cuando se pernocta en el hotel de una sola habitación. Unos pocos metros cuadrados son suficientes para perder cualquier sentido. El derroche no da dividendos al fantoche del lugar, no hay manera. Ni sexo ni drogas ni rocanrol, solo en redes sociales. Es tiempo de alejarse y dar doce pasos en cuarenta días, ir a charlar con Satanás en el desierto sin teléfono celular de por medio. Estoy cansado, el tiempo se termina y aún no termino la tarea.

sábado, 16 de septiembre de 2017

las fauces de la negra maría

Dejé el lugar a la una de la mañana justo cuando la banda comenzó a tocar. Era un cuchitril desangelado muy lejos de ser el birdland anhelado, con un pequeño espacio al fondo para máximo cuatro músicos. El frío me calaba sin piedad, estaba sin chaqueta pues no tenía planeado terminar en las fauces de la negra maría, no hasta esa hora de tan mal gusto para cenicienta. Me despidió con ojos vidriosos por el licor, no cedí ante su insistencia de esperar hasta el final. Convinimos volver el jueves siguiente, me dio una abrazo fuerte sin poder besarme en la mejilla porque tenía el casco puesto.

Hablé un rato con su novio en el portal del bar, una artista fisicoculturista con predilección por la filosofía, una combinación ideal para conquistar cumbieras (o jazzeras) con pretensiones intelectuales. Con ella charlamos un buen rato de la relación de padres e hijas, pues conoce a mi hija y la considera una bella bomba molotov. A la media noche salimos a tomar una cerveza en una esquina con la banda que tocaría desde la una de la mañana, la saxofonista era bella, los demás tenían esa facha de músicos bohemios tan distante a mi gusto. No dudo que fueran buenos músicos, pero la pose me aburre.

A las seis y media nos habíamos despedido de Mr. Net y tomamos como rumbo la academia, antes paramos a comprar una botella de vino para esperar hasta las nueve y media, hora en que comenzaba el concierto según me dijo con total autoridad. Su novio apareció en escena mientras hablábamos con una película de Laura Astorga proyectada en una pared de alguna facultad. Él no se quedó ni aceptó el vino, le preguntó si tenía algo más pero ella no lo tenía así que siguió de largo. A las diez subimos en la moto rumbo al cuchitril bajo una llovizna pertinaz.

Me había escrito al medio día para pedirme que la acompañara a la cita que tendría con Mr. Net a las cuatro de la tarde.

viernes, 8 de septiembre de 2017

fuera de foco

Desde temprano en la mañana van camino de Alabama. Dejaron su grato apartamento con miras a la bahía. Huir es una forma de protegerse. Siete horas en su Audi intentando evitar el la mirada del huracán, acompañados por millares de peregrinos obligados que ruedan por estupendas carreteras. Aunque las piedras rodantes suenen en su radio Jumpin' Jack Flash es un anciano millonario con el culo celulítico que nunca bailó en el ojo del huracán, por más que lo grite desde el primer verso. No tienen hijos, tan solo un par de gatos. Son inmigrantes a regañadientes que se están acostumbrando a la buena vida del otro lado del muro, tener permiso de trabajo en la era Trump no es cualquier cosa.

Espero que el viento huracanado no haya ido a su revisión anual y su ojo avizor esté fuera de foco, incluso ciego. Mi hermano y su esposa no lo merecen.

domingo, 27 de agosto de 2017

contracorriente

Emanado de un fisura espacio-temporal que hasta hace seis años y medio consideré un error, nací bajo el signo de la ballena alada, de la contracorriente en el planeta azul. Para rimar creo que soy un índigo que cree en el karma y está pagando el crédito benéfico del ser eterno. Sí, somos eternos. Aunque somos muchos no he tenido la oportunidad de asentarme con alguno, sigo un camino dramáticamente perfecto, desentrañando rutas y desdoblando esquinas recorridas miles de veces en diversas eras. Por fortuna la compañía ha llegado para tranquilidad de mi madre, preocupada por mi forma ermitaña en un mundo saturado, por éstos días, de vasos comunicantes. Hasta ahora he creído en un mismo objetivo, pero por momentos pierdo la fe al sentirme un minotauro excedido por los sentidos. Error y reinicio. Da capo a coda, el rocanrol no ha terminado.

martes, 22 de agosto de 2017

adicto

Nunca he desestimado las rutinas, a pesar del cambio constante que rige la vida siempre hay ciclos que enmarcan el día a día, generalmente dispuestos por el sol. Amanece, anochece, veranos, otoños, inviernos y primaveras (aunque soy del trópico), inundaciones, sequías, vientos y demás. Así que por hippie que suene me gusta despertar con el sol, incluso unos minutos antes para poder ver el amanecer, hito diario (al igual que los atardeceres) que me alimenta, luego espero que sean las seis treinta para llamar a mi hija y darle un sonoro beso de buenos días vía teléfono, al igual que lo hago todas las noches, muchas veces con el aliciente de leerle un cuento. Resumiendo, me acuesto y me levanto con la voz de mi hija. Soy adicto.



domingo, 6 de agosto de 2017

"te voy a extrañar"

Vemos el final de Bichos mientras el atardecer empieza a terminar su camino, que en unos minutos será relevado por la noche. Se imaginan cielos arrebolados tras los edificios que los cubren, así es el horizonte desde un primer piso.
-Te voy a extrañar - me dice, con su mirada transparente -pero no te preocupes, son solo dos días- su voz de seis años y medio busca darme sosiego, pues sabe que yo también la extrañaré, -no te preocupes, el domingo buscaré una piscina gigante para nadar- le contesto, me mi mira con algo de duda -y el lunes festivo iré al lugar con castillos inflables más grande del mundo- sonríe y levanta las cejas -es mentira, vas a estar leyendo todo el tiempo, lo dices solo por burlarte de mi-.

Siempre la extraño con la buena fe del amor más puro.

lunes, 31 de julio de 2017

estoy verde

Estoy verde y no quiero salir. Es la hora del té, once horas antes. Vuelvo a caminar por el carril de la izquierda, aunque vaya en una motoneta con los ojos rasgados. Pasa el tiempo y sigo sin encontrar a la tribu que formamos hace eones. Mi Camboya no es tan salvaje como la de Calamaro, en mi caso el alter ego se queda tras la puerta cada vez que salgo a jugar al teatro de la divina comedia. La verdad está en mi camboya tras la puerta, cabe en veintiséis metros cuadrados, no se puede decir que sea un ego estratosférico. Casi medio siglo y aún no termino la tarea, nunca he sido el mejor de la clase, ha de ser por eso que la mayoría no recuerda mi nombre veinticuatro segundos después de haberme presentado. Por eso lo he cambiado, pero pocos lo saben. Entre tanto Charly hace de las suyas con bellas nuevas canciones. ¿El tono verdoso será por mi condición de extra terrestre o porque me hace falta sol?

dejo una nueva grabación con los atarbanes



lunes, 17 de julio de 2017

domingo, 9 de julio de 2017

el vientre de la ballena

Las paredes están cubiertas de mí, hace tiempo lo tengo bien entendido. Son mensajes claros, pistas de la memoria que ayudan a encontrar la salida del dédalo. Un lugar pequeño que en ocasiones se me antoja la cabina de una nave que me lleva por lugares ajenos a la realidad, el escape es la imaginación. Desde que lo habito sé que es un lugar importante, un lugar de tránsito para un pasajero en trance.

El paso del tiempo se comienza a notar, la brecha generacional es evidente pero no me disgusta., Por el contrario, hace que todo entre en foco lentamente y me evidencie el tema de la perspectiva, que es fundamental para sentirse más ligero y poder despegar los pies de la tierra. El aislamiento en una celda cómoda propicia para caminar cuarenta días por el desierto interior, o correr por los círculos del infierno exterior. Todo al mismo tiempo; asunto coral; sinfonía sincrónica.

A pesar de sacudirlo aún quedan restos de un desasosiego que se impregna. El sino de nuestro tiempo, eso es todo. Las tormentas del desierto crean nubes de polvo. Entre tanto me concentro en la posibilidad de un porvenir elaborado por la conciencia, que ya no tome desvíos necesarios para aprender alguna lección y poder llegar a buen puerto con la asignatura pendiente. Entonces me tercio mi guitarra dispuesto a correr con los Tuareg en el vientre de la ballena.

martes, 27 de junio de 2017

regreso a ítaca

Recorrer los pasos, descifrar el dédalo, dejar de lado las imposturas que por un momento parecieron necesarias, tal vez por temor. Recordar que el amor se encuentra en lo que no se quiere dejar de hacer nunca. Pensar en volver, tomar el riesgo, otra forma de temor a lo desconocido, un punto de giro en el guión tan solo para ver cómo se comporta el personaje, probar su casta. Se ha perdido la afinación, hay que retomar el trueno en la voz, los instrumentos mágicos se han llenado de polvo pero aún funcionan. Los sueños se encienden, es el camino de regreso a  Ítaca.

miércoles, 21 de junio de 2017

el ritmo en cruz

El tiempo es sinuoso, por sus entresijos se pierde la memoria que puede tardar vidas en ser recuperada. La conciencia despierta sin prisa, la fugacidad de los destellos es precisa y elocuente para el que está sintonizado y en armonía para intuir el cuadro a retazos. De ahí la música del universo y la sinfonía de los multiversos, agentes de la polirritmia anhelada. La coincidencia es tan solo una palabra imperfecta, el jazz  lo sabe bien. La partitura se originó hace eones, los ritmos se dislocan para dar pie al swing, al sabor y la sandunga eterna que da forma al ritmo en cruz, al relámpago de la tormenta, al destello que aturde. El temporal es temporal en la noche de san juan.

sábado, 10 de junio de 2017

la diva en la antípoda

Santa Fe de Bogotá, 6 de junio de 2017

La campanilla del teléfono celular anunció un nuevo mensaje en whatsapp. Eran las 7.45 de la mañana, pensé que era algún alumno inoportuno preguntado por alguna nota que todos olvidaremos sin que a nadie le importe un carajo. Pero para mi sorpresa no resultó ser algún párvulo desorientado sino la mismísima diva escribiendo desde la antípoda. La última vez que supe de ella, seis meses atrás, la dejé en Vietnam aunque residía en  Indonesia. Como es usual abrió la conversación sin formalismos, como si la hubiésemos dejado ayer:

-Hola (mi nombre de pila)! 
-¿Cómo lo trata la vida? Para mí un año de lo más extraño: 
- En tres semanas mamá

Luego envió una fotografía con su panza de madre y me alegré como el que más. Se suponía que ella no podía tener hijos, pero está en camino una nena que, al igual que mi hija, se saltó todas las barreras. Ya estaban dispuestos a adoptar cuando envió mensajes de arribo. En tres semanas aterriza, espero que todo vaya bien porque la diva está por los 45 años.

lunes, 5 de junio de 2017

momentos invisibles


Está claro que mi habilidad social es muy limitada. Por otra parte mi interés es más cercano al retiro y el aislamiento. Las redes sociales cumplen esa labor a partir de la música y la escritura. A los videos tipo espejo de auto-alabanza  los decapito rápidamente. Sin embargo, he soltado la mano y empuñado la pluma de prueba con estos fugaces momentos invisibles.

lunes, 29 de mayo de 2017

busco una pomarrosa

En Colombia es habitual encontrar las frutas de la temporada en las esquinas con semáforo. La economía informal lograba perfumar el ambiente cuando de la pomarrosa se trataba. Hace tiempo la hecho de menos, y doy fe de pasar por las mismas esquinas de entonces; la economía informal continúa, pero ella ya no está.

Algo similar pasa con el helado de pétalos de rosa.

domingo, 14 de mayo de 2017

un pacto de silencio

Es escritor. Me recibió en su apartamento de lujo, un piso alto con vista a la ciudad del sangrado corazón y los pies descalzos. La decoración era estupenda, no es gratuito estar casado con la artista plástica más importante del país. Tan solo en su sala cabía mi apartamento... un par de veces. Al calor de un café con cardamomo comenzamos la charla que es parte de uno de mis proyectos de investigación. Él, en 1989 me llevó de la mano por los caminos del caballero de la triste figura, explicándonos a una manada de palurdos los dos tomos con una sabiduría envidiable en la versión de  Martín de Riquer, luego sería el mundo de Odiseo y su aventura como ejemplo del viaje del héroe de las mil caras. En 2012 volvió a guiarme (ésta vez en la maestría de escrituras creativas) por las calles de Dublín acompañando a Leopold Bloom y Stephen Dedalus en su periplo por el discurrir del pensamiento, su condición de judío (al igual que el protagonista), y el ser egresado de sociología en Princeton, hace que su análisis de la obra sea un portento. Conozco pocos escritores personalmente, así que cada vez que puedo compartir información con alguno intento sacar el mayor provecho al tiempo. Me confesó que la decisión de seguir su vocación le costó un divorcio, y que su actual esposa le allana el camino para que no deje de escribir. Luego de hora y media de charla, chistes y chismes lo dejé con la promesa de volver - a tomar café o lo que quieras, según dijo- pero me quedó en la cabeza uno de sus comentarios: el artista, el escritor, hace un pacto con el silencio, no con los amigos. Su condición es la soledad.

domingo, 23 de abril de 2017

la serpiente y el gallo

Mr. Net me pidió que reservara la noche del sábado para asistir a un ágape en honor a una cantante firme, porfiada y pertinaz en su propósito. El mismo intermediario nos había presentado durante un concierto de los makenzy un par de meses atrás. Llegamos temprano, tipo nueve de la noche, a una desvencijada casa esquinera en santa teresita, famosa por su actividad musical. La celebrada estaba guapa a morir, con un vestido largo de escote infinito en la espalda y borceguíes tejanos. Le di un abrazo (rozando la piel de su espalda con mi mano) y la felicité mientras su mirada entrecerrada bajo el capul me sonreía con cortesía. Luego de un rato se acercó a nuestra mesa, visiblemente achispada por el aguardiente, y nos ofreció sendas copas, se alegró de que aceptara el brindis pues le había dicho que debía levantarme temprano y no podía  ponerme copetón como ella. Pocos minutos después nos ofreció una segunda ronda, a la que  Mr. Net volvió a negarse. Lo reprendí por tamaña descortesía y me inmolé por él. Ella quedó sorprendida cuando brindé por la serpiente que celebraba cuarenta, me preguntó si yo también lo era pero le dejé en claro que le llevo ventaja por ser un estupendo representante del año del gallo. Me respondió animada que le gustaría hacer migas con un plumífero ya que en hasta el momento siempre se había aliado con enemigos, sin saberlo. Consciente del tema le dije que me interesaba el asunto pues se dice que las serpientes, a diferencia de Adán, me son benéficas y no había conocido alguna. Así quedó abierta la posibilidad para una amistad con miras a desarrollar proyectos pues tenemos la misma profesión.  Cerca de la medianoche ella estaba más que achispada, estaba en llamas y dio un recital improvisado. Yo, como Cenicienta, desaparecí antes de las doce, pero dejé mi zapatilla de cristal.

jueves, 13 de abril de 2017

doce pasos

Es inevitable terminar aceptando la situación cuando cada vez que llegas a casa un piano te cae encima cada treinta y siete minutos; te miras al espejo y te ves con las pupilas dilatadas y una sonrisa de aliento ingobernable. Luego te encuentras procrastinando pero con el deseo de volver a ser aquella persona que podía sacar minutos perdidos de sus bolsillos. Está bien, lo acepto: lo acepté susurrándole a la almohada, imagino que en estado beta. Y me sentí mejor. Ahora vuelvo poco a poco, los hábitos buscan el camino oscurecido por el síndrome de Peter Pan. La luz en mi estudio sigue siendo hermosa, la energía se mantiene. Hay doce pasos entre la puerta y el olvido.

domingo, 2 de abril de 2017

el camino correcto

Ciclos, bucles, giros en u repetidos hasta que alguien despierte (pensé en escribir hasta la saciedad). El camino es personal; algunos lo han transitado en otro tiempo pero la sincronía del pensamiento se encarga de traerlo de vuelta en el momento justo, ya sea en libros, poesías, canciones, películas, frases sueltas. El lenguaje construye nuestro entorno, cada vez me parece más evidente. Pensar sin palabras ha de ser como llegar al nirvana, el lenguaje de los dioses.Y se da, el despertar ha sido lento pero las señales llegan. El recuerdo es cada vez más nítido, tan fácil como viajar en un tiempo que deja de existir cuando te percatas que nunca ha estado ahí.

En el mundo todo parece cada vez peor, absurdo, incluso patético. Es el resultado de acciones humanas. La pregunta que surge es ¿por qué debo pasar por esto? Las vidas han sido muchas, y cada una ha tenido preguntas que se han ido solucionando a lo largo de la experiencia. Hay que pasar por el fuego de la vida para purificarse, para entender que la rabia no lleva más que a otro giro en u, hasta que notas que solo el amor nos da alas, nos hace parte de todo, nos lleva por el camino correcto. El dédalo se va resolviendo aunque de momento parezca que todo está de cabeza.

lunes, 20 de marzo de 2017

una noche con lady canadá

La puerta de salida daba a la calle 64 y la madrugada nos recibió con el frío habitual. Lady Canadá me tomó del brazo por unos momentos pero se soltó tan pronto recordó que apenas llevaba tres horas de conocerme. Adentro del antro había quedado su amiga, una rubia medio chalada pero encantadora que decidió quedarse hasta que cerraran el local, bailando en la misma pista atestada en la que Lady Canadá había bailado para mi, donde había permitido que le rozara la piel de sus hombros acercando su espalda contra mi pecho, donde había guiado mis manos hacia sus caderas obligándome a apretarlas con fuerza para luego clavar sus manos en mi melena mientras danzamos el baile más porno que he hecho en público pero que fue la entrada para estar en las nubes, así nada mas. Pasada la media noche, cuando mi oportunidad de cenicienta había vencido, con aliento de gin tonic advirtió, retándome, que planeaba quedarse de parranda hasta las cinco de la mañana. Pero eran apenas las tres en medio de una ciudad que no conocía a pesar de ser bogotana, y tomaba del brazo a un tipo que tampoco conocía. No encontramos un lugar donde comer algo y calmar otro de sus antojos pues el primero había sido besarme, abrazados y rodeados por cientos de gays bailando música electrónica, que según cuenta la leyenda, ni ella ni yo habíamos bailado jamás. Me comporté como un caballero, como me pasa siempre, y le dejé en claro que no estábamos en el lugar más seguro, así que me ofrecí a acompañarla a su casa. En el taxi puso su cabeza en mi hombro, la abracé para que estuviera más cómoda y puso su mano en mi pierna, decidí poner la mía encima, luego se puso sus gafas de nerda sexy. Se sorprendió cuando se enteró que mi edad casi duplicaba la suya -pensé que tenías treinta y tantos- dijo. La dejé en su casa, ebria y desconcertada. Según me dijo es una dama que cambia de personalidad dependiendo del idioma que hable, ya sea inglés o francés, el español le incomoda pues ha vivido más tiempo en Canadá que aquí. Hasta el momento las dos versiones que he visto me han atraído. Veremos qué sucede, porque todo comenzó cuando a la media noche me pidió que le enseñara la ciudad. Se va en agosto.

domingo, 12 de marzo de 2017

la impro de lady siansun

Estoy en plena conversación con Lady Oui Oui  y Lady dudas cuando el personaje en cuestión se acerca al escritorio, las pongo al tanto del proyecto del Señor Teatro, ellas lo conocen de algún tiempo atrás pero no le dan mayor importancia. ¿Por coincidencia? me entero que es representante de una empresa que organiza temporadas de teatro, y justamente esa noche Lady Siansun va a pisar las tablas en un pequeño teatro a pocas cuadras de mi cueva-estudio-taller-hogar.

Llegué veinte minutos antes de la función. El Señor Teatro está en la acera frente a la puerta del local definiendo detalles de última hora, lo saludo y camino hacia la entrada. El ventanal deja ver la apacible cafetería del lugar, intento abrir la puerta de vidrio pero está cerrada. Lady Siansun me reconoce, sonríe y abre la puerta. Me saluda como si nos conociéramos de varias vidas, es una buena señal teniendo en cuenta que nos hemos visto apenas tres veces y no hemos hablado más de cinco minutos en ésta vida. Me abraza con fuerza y siembra un beso en mi mejilla. Se emociona con emoción de actriz cuando le digo que la razón de mi presencia es asistir a su actuación. Cruzamos un par de frases de paso, ella me abraza nuevamente sin que yo sea capaz de corresponder pues mis brazos no saben que hacer, se despide y disculpa pues tiene  que prepararse para salir a escena.

El lugar es diminuto, las sillas no pasan de treinta y son incómodas como el infierno pero están a nivel del piso del escenario, así que decido ocupar una en la segunda fila. Es una obra de improvisación en la que ella es experta, ha ganado varios premios con ese talento así que no dudo que pasaré un buen rato, además la he visto en acción un par de veces antes.

La chispa no está. Cuando todo termina salgo del lugar sin despedirme y camino en la noche.





domingo, 5 de marzo de 2017

un cuarto de siglo después

Todo comenzó en 1992. A pesar de mis veintipocos nunca había tenido una novia "oficial". Mi timidez, reserva y sentido común me lo impedían. Por esos días nuestra banda de rocanrol (la dejé justo antes de que tuviese un enorme éxito) daba muestras de alzar el vuelo. Hicimos el famoso primer concierto en la casa desocupada de la calle 104 gracias al manager del momento y su buena gestión... con sus familiares. Poco tiempo después fuimos a un bar propiedad de los aterciopelados en la macarena, vía arteria daba en llamarse, estupendo lugar que no tuvo larga vida pues los vecinos progres del sector no apreciaban el ruido, ni la música, ni a los jóvenes rufianes que alardeabamos de hacer rocanrol, ni nada que no tuviese un tufillo esnob, tan habitual en ese sector.

La noche de la inauguración del bar, Patiño el manager, llegó con ella, muy entusiasmado el capullo. Para resumir al final de la noche yo salí con ella y la acompañé hasta el apartamento donde vivía con su madre a un par de cuadras del lugar. Patiño no me guardó ningún rencor, un muchacho noble. Charlamos hasta entrada la madrugada y me fui. Luego me confesó que no me habría negado una tanda de besos en esa primera ocasión, pero no hay nada mejor que hacerse desear.

Unos meses después el asunto terminó mal, como todo lo que termina (según dice Calamaro). Incluso me buscó después del fin, pero la dejé plantada en la puerta del apartamento de mi madre. Hacia 2001 dejó un mensaje en mi contestador deseándome un feliz cumpleaños, ese gestó me sorprendió. Hablamos por teléfono y supe que ya era madre, me alegré por ella. Hace unos ocho o nueve años nos encontramos en un museo, fue muy amable diciendo que soy de los que lleva en el corazón. Le agradecí, pero la honestidad brutal no me permitió corresponderle el halago.

Hace un par de semanas almorzamos en el restaurante español de la calle 23, ella no existe fuera del centro de la cuidad, imagino que al llegar a la calle 26 se desvanece. La madurez le sienta estupendamente sin duda, pero no tanto como para querer sacarle la blusa en un arranque felino.  Hace diez años está casada y su vida comienza a cubrirse con esa delgada capa de polvo del aburrimiento. Me despedí y corrí como el alma perdida que soy en busca de mi hija.

el bucle eterno

Dicen que algunas personas antes de morir deciden recorrer sus pasos y volver por última vez a los lugares importantes en sus vidas, generalmente aquellos donde fueron felices. Sabina no lo recomienda y lo empiezo a comprender. Nunca me ha interesado resolver los misterios relacionados con la existencia, me parece arrogante en exceso, prefiero que el río siga su curso y no inmiscuirme en lo divino, cósmico y trascendente; cada cual con lo suyo.

Por éstos días y sin que fuese un propósito me he ido encontrando con mujeres que pasaron por mi vida, algunas de lleno y otras apenas rozando la tangente. Lineas que dibujan mi vida. Son muy pocas pero tendrán cabida aquí, no pretendo hacer alarde, tan solo un recuento para dar fe de un nuevo inicio. El bucle eterno.

Me quedo con la imagen de la cantante soñada la noche que fui a uno de sus recitales íntimos con la intención de entrevistarla para mi documental. Su mirada fija cuando la abordé, la atención que prestó a mis palabras y su pregunta sencilla cuando nos dimos la mano: ¿cuál es tu nombre? Le dije Bruno Díaz, con timidez, casi mirando al piso al responderle . Ella no sabe que estaba hablando con Batman, vía facebook, cuando me invitó a su concierto de la próxima semana -para que nos conozcamos en persona- escribió.

domingo, 26 de febrero de 2017

lady oui oui

Lady oui oui arribó con aire de confianza, pero era una fachada. Su sonrisa carmín fuera de moda y el rímel a juego eran una barrera para niñatos punks adolescentes y púberes. Con  rapidez tomé el dominio de la situación. Ella traía en sus manos una edición de  El palacio de la luna de Paul Auster y le disparé con un dato al respecto que la animó y a la vez dejó en evidencia sus nervios y manos temblorosas. Está claro que las lolitas no son de mi interés, por bellas que sean, sin embargo me gusta dejar que hagan su pasarela, tan solo por jugar. Bellos ojos, pero una nostalgia que presupone dependencias. Mala señal. Ya entendió que no entraré en su juego y no le gustó.

miércoles, 22 de febrero de 2017

la strega

Llegamos al restaurante a las once de la noche. Mr. Net había preferido ir antes a un hostal a beber un par de cervezas con un  amigo vasco, pues sabía que la entrada al restaurante era costosa y el dinero no le sobraba. Los músicos estaban guardando los instrumentos, ella estaba de espalda cuando Mr. Net la saludó y me presentó, en ese momento supe que era la cantante. Ella lo increpó diciéndole que el recital era a las nueve de la noche, el intentó disculparse de cualquier manera pero ella le hizo entender que estaba molesta, se nota -le dije- ella sonrió y me abrazó con fuerza durante medio minuto mientras dijo algo que no pude entender.

La bajista entró a cuadro y me la presentaron, me miró fijo a los ojos, con fuerza. Al igual que su amiga tenía una belleza descomunal, sin embargo no me intimidé, me recordó a una amiga veintidós años atrás. Las dos estaban rozando los treinta y eran endemoniadamente bellas. No exagero ni miento.

Para resarcir el descuido de Mr. Net propuse que comiéramos, pero a esa hora ya estaba cerrado el restaurante, así que la invitamos a una copa. Llegó con un amigo alemán que habló con Mr. Net mientras ella me explicaba por qué esa noche había tenido la última actuación con su banda, llorando mientras cantaba. Respondió con sonrisas y aceptación a todas mis intervenciones. Le hice saber que las rupturas amorosas y familiares son buen terreno de cultivo para la creación. Luego ella se retiró y dimos de baja tres copas de jack daniel´s.

Al momento de despedirnos a la salida del restaurante ella despachó con displicencia fingida a Mr. Net como castigo por su retraso. La sorpresa vino cuando dijo que me amaba y que podía contar con ella para lo que fuera. Son formas de artista-pensé- pero ella finalizó diciendo que tenía dotes y artes especiales pues era la strega. Al notar que no entendía el italiano que ella dominaba por vena familiar me dijo: soy bruja.

La vi partir con su grupo de amigos, la minifalda roja despistaba (ni hablar de sus piernas), pero no el bastón que la ayudaba a sostenerse para caminar debido a un esguince en la rodilla. Estaba claro, era la strega.

miércoles, 11 de enero de 2017

las aventuras de la comandanta ninja

- ¡Atención comandante ninja! - dijo a través del teléfono
- Diga comandanta ninja - le contesté de la forma en que me lo pidió: comandanta
- Debemos ser muy cuidadosos con la operación, y mamá no se puede enterar
- ¡Entendido comandanta! ¿Cuáles son las instrucciones?
- Solo habla pasito que yo voy a construir la casa...

Ya mi hija aprendió a llamarme por teléfono. Durante la última semana me ha llamado para charlar y también para que la acompañe, así sea por vía telefónica. Tres o cuatro horas puede durar cada llamada, donde dejamos la linea abierta, como un micrófono que registra nuestras vidas en tiempo real. Eso me ha permitido saber qué hace mientras no está conmigo. Nos acompañamos a desayunar, a cenar y cada noche me pide que le lea un cuento para dormir. Tengo claro que en un par de semanas, cuando vuelva al colegio, las llamadas serán menos, pero también que siempre seremos compañía.

domingo, 1 de enero de 2017

llamadas de R

Para mi el sentido de la vida ha sido fácil de encontrar desde que soy padre. Eso no indica que antes estuviese perdido, tan solo un poco encerrado. Desde el momento en que ella nació tengo claro a que aferrarme y que dejar ir. Este año nuestra relación evolucionó. Hablamos todo el tiempo y ella deja ver su personalidad y carácter con la claridad propia de la inocencia y la honestidad que acompaña a la infancia.

El jueves estuvimos juntos todo el día. En la noche llamó para saludar y me dijo cosas que me partieron en llanto por la ternura. Lo que más me conmovió fue escucharla decir, mientras lloraba, que no sabía porqué me extrañaba tanto cuando no estábamos juntos. Su madre escuchó la conversación pues estaba en altavoz. Hablamos hasta las once de la noche, cuando lo habitual es que se duerma a eso de las nueve.

Hoy por primera vez fuimos al parque los tres y dejamos ver nuestra idea de familia. Seguiremos siendo una disfuncional y ella sabe que no estaremos juntos, sin embargo hay unión. R es una bendición.