jueves, 13 de abril de 2017

doce pasos

Es inevitable terminar aceptando la situación cuando cada vez que llegas a casa un piano te cae encima cada treinta y siete minutos; te miras al espejo y te ves con las pupilas dilatadas y una sonrisa de aliento ingobernable. Luego te encuentras procrastinando pero con el deseo de volver a ser aquella persona que podía sacar minutos perdidos de sus bolsillos. Está bien, lo acepto: lo acepté susurrándole a la almohada, imagino que en estado beta. Y me sentí mejor. Ahora vuelvo poco a poco, los hábitos buscan el camino oscurecido por el síndrome de Peter Pan. La luz en mi estudio sigue siendo hermosa, la energía se mantiene. Hay doce pasos entre la puerta y el olvido.

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